Me gustaría proponerte una cosa, más bien un reto.
¿Eres capaz de sonreír sin abrir la boca?
Si lo consigues, ganas tú.
Bueno, supongo que he conseguido lo que me proponía, aunque tu eso nunca lo sabrás. Mira, no tengo ni idea de escribir, pero creo que te he sacado una sonrisa. No soy quién para juzgarte, pero no te mereces seguir así. Llevas tanto tiempo preocupándote por el resto que te has olvidado de quién eres. Eres esa luz al final del túnel, ese motivo de su palpitar, ese cuento de hadas, ese que siempre llama un sábado de lluvia para decirme "¿Hoy que peli vemos?".
Entiendo que en esta ciudad eso de sonreír esté muy sobre valorado. Pero fíjate, estas navidades te voy a regalar un CD, con tu canción favorita. Para que la escuches una y otra vez, y no dejes de sonreír. No te mereces tanto daño, así que levántate, y sonríe. Porque, aunque este texto no valga para mucho, necesito que sonrías, al menos para el siguiente poema.
Reímos al son de las agujas del reloj. ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos? Escribimos nuestra historia en prosa, renglón a renglón. Somos víctimas de una sociedad corrompida. Somos corderos en medio de lobos. Somos corcheas de una partitura. Vamos al cine, al psicólogo, al colegio. Vamos al infinito, y más allá. Vamos al futuro, pensando en el pasado. Vamos cantado, riendo, soñando.
Autopista y buena letra, sexo rápido en el kilómetro 83, manuscritos del siglo cuarto.
Nos pasamos la vida aprendiendo y soñando, en definitiva,
riendo al son de las agujas del reloj.
Me gustaría proponerte una cosa, más bien un reto.
¿Eres capaz de sonreír sin abrir la boca?

No hay comentarios :
Publicar un comentario