Quizá, a veces, tan sólo necesitemos a alguien que nos
enseñe a colorear.
Quiero que me dejes enseñarte a colorear ese vacío que dejan
esos gilipollas con los que pasas las noches. Vámonos de fiesta, que si no
llama, que se joda. Si te ignora, se lo pierde.
Mudémonos a ese planeta, donde la ilusión deje de morir en
los imposibles para encontrarse en un siempre. Pongamos por delante nuestros
sueños y dejemos que la felicidad sea la encargada de hacerlos realidad.
Vivimos en una sociedad donde se destina mucho dinero a la
sanidad…y todavía no se han dado cuenta de que hay hermanos que no comparten la
misma sangre. Porque joder, te quiero.
No es un te quiero para que tu novio se ponga celoso, es un
te quiero con el corazón. Es comprenderte. Es escucharte. Es apreciarte.
Es…todo.
Son muchos amaneceres con lágrimas y ojeras, por habernos
quedado hasta las mil charlando y llorando sobre la vida.
Son esos Whatsapps a cualquier hora pidiendo un abrazo.
Son esos tres toques al timbre, cuando te dije que estaba
bien, y aun así apareciste por mi puerta.
Quizá no todos los héroes lleven capa, pero tú eres mucho
más que un héroe.
De esos momentos que estas en la mierda, que nada te
importa, que todo te hace daño. No recuerdo que te fueras después de todo lo
que te dije, no recuerdo como aguantaste ahí, de pie, aguantando todas mis
tonterías.
Esas llamadas perdidas después de un examen, y acabar
tomando una cerveza en el bar de siempre, con los de siempre, tu, y yo.
Quería hablarte de que la opinión de alguien te importe
algo. De dejar que alguien te diga lo que no quieres escuchar. De que te
recuerden quien eres cuando a ti se te ha olvidado.
Y de hacer muchos planes. Aunque la mitad nunca lleguen a
ocurrir. Bendita lista.
De hablar de animales, de delfines. De hartarnos a comer
pizza.
De las ganas de querer matarte pero a la vez ser capaz de
perder un ojo por ti.
Los abrazos porque sí, los paseos por Madrid. Las tapas
porque sí, lograr lo imposible.
Que si me corto con una hoja de papel, voy a pedirte ayuda,
y lo sabes.
Esos pactos de caballero, de cubrirnos siempre las espaldas.
Por todos esos “¡joder dile algo!” que nos han llevado a
cometer taaaantas pequeñas locuras, sin las cuales no habríamos conocido a esa
persona, ni terminado en ese bar.
Favores, favores y más favores.
Risas, risas, y muchas risas.
Putadas, alguna que otra.
Ya pueden pasar días, semanas, o años sin hablar.
Pero hay cosas que ya no se rompen.
Porque cuando todos se van, los que quedan, son los de
verdad.
Quizá, a veces, tan sólo necesitemos a alguien que nos
enseñe a colorear.
De hermanos que no llevan la misma sangre.
Y amigos que son para toda la vida.

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