sábado, 25 de junio de 2016

Los amigos, y esas cosas

Quizá, a veces, tan sólo necesitemos a alguien que nos enseñe a colorear.

Quiero que me dejes enseñarte a colorear ese vacío que dejan esos gilipollas con los que pasas las noches. Vámonos de fiesta, que si no llama, que se joda. Si te ignora, se lo pierde.

Mudémonos a ese planeta, donde la ilusión deje de morir en los imposibles para encontrarse en un siempre. Pongamos por delante nuestros sueños y dejemos que la felicidad sea la encargada de hacerlos realidad.

Vivimos en una sociedad donde se destina mucho dinero a la sanidad…y todavía no se han dado cuenta de que hay hermanos que no comparten la misma sangre. Porque joder, te quiero.

No es un te quiero para que tu novio se ponga celoso, es un te quiero con el corazón. Es comprenderte. Es escucharte. Es apreciarte. Es…todo.

Son muchos amaneceres con lágrimas y ojeras, por habernos quedado hasta las mil charlando y llorando sobre la vida.

Son esos Whatsapps a cualquier hora pidiendo un abrazo.

Son esos tres toques al timbre, cuando te dije que estaba bien, y aun así apareciste por mi puerta.

Quizá no todos los héroes lleven capa, pero tú eres mucho más que un héroe.

De esos momentos que estas en la mierda, que nada te importa, que todo te hace daño. No recuerdo que te fueras después de todo lo que te dije, no recuerdo como aguantaste ahí, de pie, aguantando todas mis tonterías.

Esas llamadas perdidas después de un examen, y acabar tomando una cerveza en el bar de siempre, con los de siempre, tu, y yo.

Quería hablarte de que la opinión de alguien te importe algo. De dejar que alguien te diga lo que no quieres escuchar. De que te recuerden quien eres cuando a ti se te ha olvidado.

Y de hacer muchos planes. Aunque la mitad nunca lleguen a ocurrir. Bendita lista.

De hablar de animales, de delfines. De hartarnos a comer pizza.

De las ganas de querer matarte pero a la vez ser capaz de perder un ojo por ti.

Los abrazos porque sí, los paseos por Madrid. Las tapas porque sí, lograr lo imposible.

Que si me corto con una hoja de papel, voy a pedirte ayuda, y lo sabes.

Esos pactos de caballero, de cubrirnos siempre las espaldas.

Por todos esos “¡joder dile algo!” que nos han llevado a cometer taaaantas pequeñas locuras, sin las cuales no habríamos conocido a esa persona, ni terminado en ese bar.

Favores, favores y más favores.

Risas, risas, y muchas risas.

Putadas, alguna que otra.

Ya pueden pasar días, semanas, o años sin hablar.

Pero hay cosas que ya no se rompen.

Porque cuando todos se van, los que quedan, son los de verdad.

Quizá, a veces, tan sólo necesitemos a alguien que nos enseñe a colorear.

De hermanos que no llevan la misma sangre.

Y amigos que son para toda la vida.






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