Espero que ya tengas puesta la alarma para dentro de once meses, y apenas veinte días. Cuando suene el primer fogonazo y la charanga empiece a brillar.
Con las últimas gotas de agua, llegan los últimos peñistas. Corazones inquietos y gargantas vacías. Gorrieneras ceñidas y la música bien encendida.
Como dice el refrán, la primavera, la sangre altera. Pero hay otro no tan conocido que dice así: Agosto en Gallocanta, corazón que danza.
Las calles que nos han visto crecer, reír y llorar, nos dan cobijo en estos cinco mágicos días donde los grifos darán cerveza, las reinas bingos y para los más atrevidos, almuerzos.
Una comisión que tras 365 días de no parar, ha puesto el listón tan alto como nuestras reinas, impecables en su reinado, aunque se hayan caído algunos huevos al suelo.
En Gallocanta no estamos, somos.
Quiero aprovechar a citar un pequeño fragmento del gran discurso con el que se inauguraron las fiestas:
"Porque estar se puede estar en muchos sitios, pero Gallocanta es un lugar en el que más que estar, somos. Y eso no es algo que se pueda decir a la ligera.
Por estas tierras a las que siempre querrás
volver,
con maleta y billetes de ida aunque también de vuelta.
Volver
sabiendo que tendrás que irte.
Irte
sabiendo que siempre,
querrás volver, porque volver significa reencontrarse con esas personas a las que siempre quisiste."
Quizás no seamos ni el pueblo con más habitantes ni el que más gasta en orquestas, pero... ¿A cuántos has visto cantar, reír y bailar como a nosotros? Tampoco nos ganan a traineras, que para eso tenemos la laguna. Porque somos una familia, entre peñas todos somos primos y dentro de ésta, hermanos.
Porque al final, cuándo se acaban las fiestas, es cuando nos damos cuenta del tesoro que tenemos, de la lotería que ya nos ha tocado.
Viva Gallocanta.
martes, 27 de agosto de 2019
martes, 13 de agosto de 2019
QUO VADIS - PERÚ 2019
Querido misionero,
Te escribo para darte las gracias, por tu sonrisa desinteresada, por tu entrega sin descanso, por la alegría de tu corazón, por ese brillo en tus ojos. Has sido una gota imprescindible en un mar de bondad. Quizá no hayas erradicado el hambre, la guerra o las adversidades, pero le has ganado una batalla a la superficialidad de la sociedad en la que vivimos. Gracias, una y mil veces.
En vano es el trabajo del misionero, si sus manos no están al servicio de algo mucho más grande. Recuerda, que más allá de quitar humedades o cambiar pañales, has hecho de este planeta que llamamos Tierra, un lugar mejor. Hay dos familias enteras que ahora tienen un techo bajo el que dormir. Niños que ya no conviven con las cucarachas. Una panadería que se va a poder construir. Los almacenes en orden. Un bazar a rebosar de puertas, armarios y ventanas, incluso mejoró la señal WiFi del hogar.
No olvidaré el primer día que llegaste, un poco perdido, sin tener muy claro tu quo vadis. Tan solo hicieron falta unos pocos días hasta que descubriste una realidad de la que tantas veces habías escuchado hablar en las noticias: la pobreza. Volviste de Sembrando Esperanza con un nudo en el corazón. Dicen, que allí escuchaste el mayor discurso de Fe jamás te habían dado, sin decir una sola palabra...
Tu estancia fue increíble. ¿Te acuerdas de la sonrisa de Gabriel cuando entrabas en la UCI? O de Everson, con su parlante. Tantos recuerdos, tantos rostros, que quizá te cueste recordar alguno . Jesús David pregunta cuándo volverás. La señora Rosa también te extraña, aunque ya nadie le quita el coro en Misa. Pero hay algo que no puedes olvidar jamás, sus sonrisas. Alguien dijo una vez, que la paz empieza con una sonrisa. Quizá no puedas cambiar el mundo entero, pero somos gotas en un mar de sonrisas luchando por el único camino, el amor.
Quiero que esta carta la guardes en un cajón. Deja que el tiempo se pose entre estas líneas. Algún día, volverás aquí buscando recuerdos, o respuestas. Quizá te hayas perdido y busques tu quo vadis. Quizá no tengas fuerzas para continuar y entonces, aquí seguiré.
"Cuando estén perdidos y no sepan donde ir, vengan, acá tienen a sus hermanos." - Padre Omar Buenaventura.
Atentamente, Perú.
Te escribo para darte las gracias, por tu sonrisa desinteresada, por tu entrega sin descanso, por la alegría de tu corazón, por ese brillo en tus ojos. Has sido una gota imprescindible en un mar de bondad. Quizá no hayas erradicado el hambre, la guerra o las adversidades, pero le has ganado una batalla a la superficialidad de la sociedad en la que vivimos. Gracias, una y mil veces.
En vano es el trabajo del misionero, si sus manos no están al servicio de algo mucho más grande. Recuerda, que más allá de quitar humedades o cambiar pañales, has hecho de este planeta que llamamos Tierra, un lugar mejor. Hay dos familias enteras que ahora tienen un techo bajo el que dormir. Niños que ya no conviven con las cucarachas. Una panadería que se va a poder construir. Los almacenes en orden. Un bazar a rebosar de puertas, armarios y ventanas, incluso mejoró la señal WiFi del hogar.
No olvidaré el primer día que llegaste, un poco perdido, sin tener muy claro tu quo vadis. Tan solo hicieron falta unos pocos días hasta que descubriste una realidad de la que tantas veces habías escuchado hablar en las noticias: la pobreza. Volviste de Sembrando Esperanza con un nudo en el corazón. Dicen, que allí escuchaste el mayor discurso de Fe jamás te habían dado, sin decir una sola palabra...
Tu estancia fue increíble. ¿Te acuerdas de la sonrisa de Gabriel cuando entrabas en la UCI? O de Everson, con su parlante. Tantos recuerdos, tantos rostros, que quizá te cueste recordar alguno . Jesús David pregunta cuándo volverás. La señora Rosa también te extraña, aunque ya nadie le quita el coro en Misa. Pero hay algo que no puedes olvidar jamás, sus sonrisas. Alguien dijo una vez, que la paz empieza con una sonrisa. Quizá no puedas cambiar el mundo entero, pero somos gotas en un mar de sonrisas luchando por el único camino, el amor.
Quiero que esta carta la guardes en un cajón. Deja que el tiempo se pose entre estas líneas. Algún día, volverás aquí buscando recuerdos, o respuestas. Quizá te hayas perdido y busques tu quo vadis. Quizá no tengas fuerzas para continuar y entonces, aquí seguiré.
"Cuando estén perdidos y no sepan donde ir, vengan, acá tienen a sus hermanos." - Padre Omar Buenaventura.
Atentamente, Perú.
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