domingo, 31 de julio de 2016

Interrail

Vas vienes, pero nunca te paras. Curiosa forma de desafiar al único metrónomo que no se para. El tiempo.

Desde aquí, querido lector, te escribo. Pongamosle a miles de pies, desde un avión, rumbo a la city.

Siempre he pensado que los aviones tienen ese extraño complejo de miel tostada. Personalmente, me ponen nervioso. Personalmente, tengo un truco que no falla. Vol max. Cierras los ojos...respiras. y voilá, estas en la city.

¿Cuanta gente puede haber en este vuelo? ¿Cuantas historias? Yo tengo una historia, unos recuerdos, unos sentimientos, supongo que los cinco que me acompañan igual, supongo que todo el avión los tiene.

En cierto modo los aviones si que son ese pájaro de metal que vuela alto dejando una estela a su paso. Blanca. En la que perderse a soñar en esas tardes de verano de piscina, coca-cola, watios.

Bendita juventud, hay viajes que vienen con fecha límite en el dorso, como los helados supongo. Te hablo del interrail.

Y esto es, que hace ya un tiempo, el grupo externo al cole con el que me he movido siempre se fue el año pasado de viaje a Valencia mientras yo me recuperaba de la operación de ligamento cruzado. Batallitas aparte, decidieron repetir.

Así que nada, al lío del interrail.

Todo empezó buscando ma o meno a donde queríamos ir. Por desgracia este tipo de viajes hay que planificarlos con media vida de antelación. Las carreras se nos echaron encima y mientras nos devoraban poco a poco tres personas se dedicaron a organizarlo todo. Con el añadido de no haber hecho nada y la distancia todo ese buen ambiente que teníamos el año pasado se fue apagando. Si no hubiésemos pagado tanto alguno ya se habría bajado del tren.
Total, que con todo ese mal rollo en el cuerpo nos plantamos en la T4 a las 7 de la mañana un día random de Julio. Recuerdo que era mi cuarto día de verano, bendita carrera...

He de admitir que me subí a un avión sin saber a dónde iba, ni cuántos días, ni por dónde pasaba. La primera parada fue Zurich, apostaría porque es Suiza, nunca fuí muy hábil con eso de la geografía y los mapas... Una ciudad preciosa, muy silenciosa y por nuestra parte, tensión en el cuerpo. La siguiente parada fue Munich. El grupo estaba como frío, nos hacia falta algo de fuelle, algo de calor, unirnos un poco más. Y claro, si pides agua pues toma el mar entero, tiroteo por Munich. Con tres supuestos atentados de por medio (por suerte dos de ellos puro rumor) y nosotros como locos corriendo por Munich. Eso si que fue pasar miedo. Aparte de un buen apretón que nos entró y a la botella de Jagger que nos metimos entre pecho y espalda para celebrar que habíamos salido ilesos, nos vino de perlas. Poco a poco funcionábamos más como un reloj suizo y una buena cerveza alemana que como el juguete made in China que éramos al principio. Pecamos de ilusos al quejarnos de un zulo que teníamos por casa pero cuando hay un loco con un arma suelta... ¡Querido zulo!

Total, que a todo esto de ciudad en ciudad en trenes donde obviamente eso dormir se convirtió en un bien de primera necesidad. Acabábamos tirados por cualquier suelo dispuestos a echarnos una cabezadita.

Nuestro siguiente destino fue Lubliana, ese no os voy a decir dónde está. ¡Si queréis saberlo lo buscáis! Esos si, me sobran palabras para describirlo, precioso. Una ciudad impresionante con todas sus letras. La ciudad y sus gentes. Increíble. Total, que poco a poco íbamos subiendo de nivel conforme pasábamos de ciudad. Era una especie de Jumanji dónde nos iba pasando de todo. Un tiroteo, ser más personas que billetes en los trenes, perder los papeles y alguna que otra maleta... pero lo dicho, cada vez más modo piña. Como los patitos que siguen a la mamá pato. Como esos gatos tan cuties que cuidan unos de otros.

Y finalmente... Dubrovnik. Sin duda en mi opinión la mejor ciudad que hemos visto. Perdón, la puta mejor ciudad. Hacia falta el taco. Una ciudad impresionante, sede del rodaje de una parte de juego de tronos y star wars VI. Unos paisajes de escándalo y unas vistas increíbles.

Hemos tenido frío y calor, lluvia y mas calor todavía, viento y calor. De todo y siempre con calor añadido. Hemos tenido sonrisas y lágrimas.

Lo bonito de todo esto es que me llevo un balance muy positivo, recuerdos muy buenos y una experiencia inolvidable. Haber podido conocer un poco más a esa gente maravillosa de la que nos rodeamos que llamamos amigos. Cursiladas aparte, un viaje que recomiendo a toooodo el mundo. Pero como he dicho antes... Es un viaje para hacerlo justo ahora, cuando se es joven.
No voy a adjuntar fotos ni nada, si queréis ver las vistas vais a tener que hacer el viaje.

Así que nada, esto llega a su fin, cierro la entrada con dos cosas:

Una pregunta: ¿El año que viene a dónde?

Y unos puntos suspensivos: ...

sábado, 23 de julio de 2016

Columpio

Cierras los ojos, respiras. Dejas escapar un breve suspiro, tensión. Una lágrima rueda por tus mejillas hasta el abismo de tu barbilla, salta. No es tristeza, es emoción. Echas la vista atrás, años. Hoy es un día diferente, es tu gran día.
Y como un péndulo va y viene. Sube y baja. Cada vez más rápido. De lo más alto a lo más bajo, el mismo tiempo que le cuesta volver a alzarse sobre todo, sobre todos.
Ese momento donde crees que puedes volar, donde tienes ganas de saltar, donde crees que desde ahí arriba puedes comerte el mundo.

Entonces te das cuenta que no tienes nada bajo tus pies. Miento, aire. Todos tus castillos son de arena. Hace viento, mucho viento. Todo eso que habías construido empieza a desvanecerse. Las cadenas que te ataban a la realidad empiezan a tirar de ti cada vez con más y más fuerza.

Ahí es cuando empiezas a caer. La misma sensación de vértigo que en su primer beso. Todo da vueltas, no puedes controlarlo. Quieres detener el tiempo para huir, no puedes. Caes tan rápido que hasta los desconocidos se paran para verte caer. De tus prisas los sueños y poemas, de juglares muertos de hambre. Se han quedado sin chanzas épicas que hablen sobre ti. Ya nadie quiere oír tristes versos acerca de tu derrota.

Copas de ron, tequila. Cada fiesta. Cartas con dos partes, una mirada y un beso.

Caes, caes…cada vez más rápido. Tus pies rozan el suelo. Muerdes el polvo. Ya no tienes nada. Supongo que en ese momento eres uno más. Bajas del Olimpo de la felicidad, vuelves al mundo, a la realidad. Ahí es cuando me miras, te miro, estamos igual. Yo aquí sentado comiendo pipas. Tu ahí sentado atado a tus cadenas, rozando el suelo.

El tiempo se para, estás ahí eternamente. Mirando todo lo que te rodea. Espero que te des cuenta entonces de lo que significa estar parado. El sonido del choque acompasado.

Un instante después, ya estás subiendo otra vez. Poco a poco tus pies se elevan. Se dibuja una sonrisa en tu rostro. Te echas suavemente para atrás y empiezas a volar. Tu silueta se camufla con el Sol para ofrecer un bonito atardecer ante tus pies. Subes subes y sigues subiendo. Te grito algo que tú ya no eres capaz de percibir. Te quedarías ahí para siempre.

Vuelcas en respuesta final y nuestras miradas cobran un nuevo brillo intencionado.

En ese preciso instante, cuando ya no puedes seguir subiendo, las cadenas que te ataban te traen de vuelta y es cuando empiezas a bajar…

 Ahora simplemente cierra los ojos y abre el alma, ella sabe que cara poner.

Aquí es donde me pregunto… ¿Esto es la vida, o no es más que un simple columpio?

viernes, 15 de julio de 2016

Artistas


Soñaba con ser artista, con la fama, las mansiones, el dinero, las mujeres. Iluso de él. Los artistas no tienen ni fama, ni mansiones, ni dinero, ni mujeres. Un artista pinta en el cobertizo para que no le tiren sus obras cuando toca limpieza. Un artista invierte su sueldo en mejor material. Un artista no tiene mujeres...tiene una mujer. Quien tiene unos ojos por los que luchar no necesita unos labios que besar. Quien pondría la banda sonora a los enamorados en El Retiro. Quien nos sacaría una sonrisa subiendo por Callao. Quien nos devolvería la esperanza. ¿Quien? Muchos hablan de héroes anónimos...Ahí los tenemos, en cada bar, en cada esquina, en cada cobertizo. Artistas, edición limita.

"Ni retirarse, ni rendirse"

Como si te hubieras perdido en una fiesta y vieses sus ojos al final de la sala. Como si pudieras gritar, hacer que todo desapareciera. Cambiarlo todo. Empezar de cero.  Tener esa ancla emocional que nos mantenga cuerdos. Perder los estribos, atar los cabos. No salir del puerto.

“El violinista de Ciu”, así le llaman. No sé ni su nombre, pero una persona que dedica todas y cada una de las mañanas del año a interpretar una tras otras bandas sonaras tan conocidas como Piratas Del Caribe o Master And Commander bien por trabajo o bien por afición, se merece todos nuestros respetos.

Pasan y pasan, y uno detrás de otro, se suceden, y así sucesivamente. Como un ciclo que no parece tener fin. Llegan los trenes, la multitud se aglomera por las escaleras mecánicas. Los más atrevidos van andando… ¿Quién se para a escuchar? Sip, escuchar, se hace con los oídos, es sinónimo de disfrutar.

Nos quejamos de que las entradas de los conciertos y festivales son muy caras. Si buscamos una excusa para morir en una explanada es comprensible querer pagar por un pedazo de césped, pero si lo que queremos es calidad… El retiro está lleno de artistas, artistas anónimos.


Hay que vencer fantasmas para triunfar.

sábado, 9 de julio de 2016

Lápices de colores


Quien tiene un lápiz, tiene un paraíso en el bolsillo.

No tengas miedo de salir ahí fuera, a gritarle su nombre a las estrellas. Que te escuchen todos los planetas.

No dejes que nadie te diga lo que tienes que hacer, aquí o ahora. Apártate de todos esos visionarios de la vida que creen haberlo visto todo. Déjate llevar, sigue a los locos. A los locos que piensan que pueden conquistar el mundo con un lápiz. Sigue sólo a esos.

A esos que son capaces de descifrar el mundo en las esquinas, si tú estás a su lado. A esos que sepan de qué va eso de la felicidad. A esos que saben hacer de tardes de lluvia las mejores tardes de sus vidas. A esos que saben sentir. A esos que saben, que más allá de la economía, el poder y la fama, está la felicidad, la alegría, y la esperanza.

Aléjate de todos esos visionarios de la vida que creen haberlo visto todo.  Toma las riendas de tu vida de una puta vez. Manda todo a la mierda. Párate.

Párate a recoger uno a uno los pedazos rotos de tu alma. Reconstrúyela. Salta, joder salta, corre, vuela. Deja todo atrás. Busca un sueño en Google si quieres, pero busca un sueño.

Que las críticas son esa muchacha con la risa floja que siempre va a estar ahí. ¿Sabías que tiene novio? La decepción. Pasa de ella. Que la vida es mucho más que un crucero sin desembarco.

Cámbiale las pilas al reloj que marca el ritmo de tu vida, que llevan ya un tiempo gastadas. Sal, todo recto, y a la derecha. Dos calles más adelante, gira a la izquierda. Ahí la tienes. Entra. Pide el primer instrumento que veas. Aprende a tocar. Vete a la filarmónica de Viena. Preséntate en un estadio con tus botas de fútbol, que cuando te pregunten “¿Quién eres?”, tú puedas contestar “¿A qué hora jugamos?”. Corre, corre todo lo rápido que puedas. No mires atrás.

Quizá este es el momento que estabas esperando, que alguien te dijera algo que llevabas toda la vida esperando. Que te comas el mundo de una vez. Enamórate, ríe, comparte, ama. Quizá con eso seas un poco más feliz.

Recuerda, no sigas a esos visionarios que creen haberlo visto todo. Fíjate en los locos, esos son los que valen.


Porque todos sabemos, que quien tiene un lápiz tiene un paraíso en el bolsillo.