sábado, 23 de julio de 2016

Columpio

Cierras los ojos, respiras. Dejas escapar un breve suspiro, tensión. Una lágrima rueda por tus mejillas hasta el abismo de tu barbilla, salta. No es tristeza, es emoción. Echas la vista atrás, años. Hoy es un día diferente, es tu gran día.
Y como un péndulo va y viene. Sube y baja. Cada vez más rápido. De lo más alto a lo más bajo, el mismo tiempo que le cuesta volver a alzarse sobre todo, sobre todos.
Ese momento donde crees que puedes volar, donde tienes ganas de saltar, donde crees que desde ahí arriba puedes comerte el mundo.

Entonces te das cuenta que no tienes nada bajo tus pies. Miento, aire. Todos tus castillos son de arena. Hace viento, mucho viento. Todo eso que habías construido empieza a desvanecerse. Las cadenas que te ataban a la realidad empiezan a tirar de ti cada vez con más y más fuerza.

Ahí es cuando empiezas a caer. La misma sensación de vértigo que en su primer beso. Todo da vueltas, no puedes controlarlo. Quieres detener el tiempo para huir, no puedes. Caes tan rápido que hasta los desconocidos se paran para verte caer. De tus prisas los sueños y poemas, de juglares muertos de hambre. Se han quedado sin chanzas épicas que hablen sobre ti. Ya nadie quiere oír tristes versos acerca de tu derrota.

Copas de ron, tequila. Cada fiesta. Cartas con dos partes, una mirada y un beso.

Caes, caes…cada vez más rápido. Tus pies rozan el suelo. Muerdes el polvo. Ya no tienes nada. Supongo que en ese momento eres uno más. Bajas del Olimpo de la felicidad, vuelves al mundo, a la realidad. Ahí es cuando me miras, te miro, estamos igual. Yo aquí sentado comiendo pipas. Tu ahí sentado atado a tus cadenas, rozando el suelo.

El tiempo se para, estás ahí eternamente. Mirando todo lo que te rodea. Espero que te des cuenta entonces de lo que significa estar parado. El sonido del choque acompasado.

Un instante después, ya estás subiendo otra vez. Poco a poco tus pies se elevan. Se dibuja una sonrisa en tu rostro. Te echas suavemente para atrás y empiezas a volar. Tu silueta se camufla con el Sol para ofrecer un bonito atardecer ante tus pies. Subes subes y sigues subiendo. Te grito algo que tú ya no eres capaz de percibir. Te quedarías ahí para siempre.

Vuelcas en respuesta final y nuestras miradas cobran un nuevo brillo intencionado.

En ese preciso instante, cuando ya no puedes seguir subiendo, las cadenas que te ataban te traen de vuelta y es cuando empiezas a bajar…

 Ahora simplemente cierra los ojos y abre el alma, ella sabe que cara poner.

Aquí es donde me pregunto… ¿Esto es la vida, o no es más que un simple columpio?

No hay comentarios :

Publicar un comentario