Desde aquí, querido lector, te escribo. Pongamosle a miles de pies, desde un avión, rumbo a la city.
Siempre he pensado que los aviones tienen ese extraño complejo de miel tostada. Personalmente, me ponen nervioso. Personalmente, tengo un truco que no falla. Vol max. Cierras los ojos...respiras. y voilá, estas en la city.
¿Cuanta gente puede haber en este vuelo? ¿Cuantas historias? Yo tengo una historia, unos recuerdos, unos sentimientos, supongo que los cinco que me acompañan igual, supongo que todo el avión los tiene.
En cierto modo los aviones si que son ese pájaro de metal que vuela alto dejando una estela a su paso. Blanca. En la que perderse a soñar en esas tardes de verano de piscina, coca-cola, watios.
Bendita juventud, hay viajes que vienen con fecha límite en el dorso, como los helados supongo. Te hablo del interrail.
Y esto es, que hace ya un tiempo, el grupo externo al cole con el que me he movido siempre se fue el año pasado de viaje a Valencia mientras yo me recuperaba de la operación de ligamento cruzado. Batallitas aparte, decidieron repetir.
Así que nada, al lío del interrail.
Todo empezó buscando ma o meno a donde queríamos ir. Por desgracia este tipo de viajes hay que planificarlos con media vida de antelación. Las carreras se nos echaron encima y mientras nos devoraban poco a poco tres personas se dedicaron a organizarlo todo. Con el añadido de no haber hecho nada y la distancia todo ese buen ambiente que teníamos el año pasado se fue apagando. Si no hubiésemos pagado tanto alguno ya se habría bajado del tren.
Total, que con todo ese mal rollo en el cuerpo nos plantamos en la T4 a las 7 de la mañana un día random de Julio. Recuerdo que era mi cuarto día de verano, bendita carrera...
He de admitir que me subí a un avión sin saber a dónde iba, ni cuántos días, ni por dónde pasaba. La primera parada fue Zurich, apostaría porque es Suiza, nunca fuí muy hábil con eso de la geografía y los mapas... Una ciudad preciosa, muy silenciosa y por nuestra parte, tensión en el cuerpo. La siguiente parada fue Munich. El grupo estaba como frío, nos hacia falta algo de fuelle, algo de calor, unirnos un poco más. Y claro, si pides agua pues toma el mar entero, tiroteo por Munich. Con tres supuestos atentados de por medio (por suerte dos de ellos puro rumor) y nosotros como locos corriendo por Munich. Eso si que fue pasar miedo. Aparte de un buen apretón que nos entró y a la botella de Jagger que nos metimos entre pecho y espalda para celebrar que habíamos salido ilesos, nos vino de perlas. Poco a poco funcionábamos más como un reloj suizo y una buena cerveza alemana que como el juguete made in China que éramos al principio. Pecamos de ilusos al quejarnos de un zulo que teníamos por casa pero cuando hay un loco con un arma suelta... ¡Querido zulo!
Total, que a todo esto de ciudad en ciudad en trenes donde obviamente eso dormir se convirtió en un bien de primera necesidad. Acabábamos tirados por cualquier suelo dispuestos a echarnos una cabezadita.
Nuestro siguiente destino fue Lubliana, ese no os voy a decir dónde está. ¡Si queréis saberlo lo buscáis! Esos si, me sobran palabras para describirlo, precioso. Una ciudad impresionante con todas sus letras. La ciudad y sus gentes. Increíble. Total, que poco a poco íbamos subiendo de nivel conforme pasábamos de ciudad. Era una especie de Jumanji dónde nos iba pasando de todo. Un tiroteo, ser más personas que billetes en los trenes, perder los papeles y alguna que otra maleta... pero lo dicho, cada vez más modo piña. Como los patitos que siguen a la mamá pato. Como esos gatos tan cuties que cuidan unos de otros.
Y finalmente... Dubrovnik. Sin duda en mi opinión la mejor ciudad que hemos visto. Perdón, la puta mejor ciudad. Hacia falta el taco. Una ciudad impresionante, sede del rodaje de una parte de juego de tronos y star wars VI. Unos paisajes de escándalo y unas vistas increíbles.
Hemos tenido frío y calor, lluvia y mas calor todavía, viento y calor. De todo y siempre con calor añadido. Hemos tenido sonrisas y lágrimas.
Lo bonito de todo esto es que me llevo un balance muy positivo, recuerdos muy buenos y una experiencia inolvidable. Haber podido conocer un poco más a esa gente maravillosa de la que nos rodeamos que llamamos amigos. Cursiladas aparte, un viaje que recomiendo a toooodo el mundo. Pero como he dicho antes... Es un viaje para hacerlo justo ahora, cuando se es joven.
No voy a adjuntar fotos ni nada, si queréis ver las vistas vais a tener que hacer el viaje.
Así que nada, esto llega a su fin, cierro la entrada con dos cosas:
Una pregunta: ¿El año que viene a dónde?
Y unos puntos suspensivos: ...
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